Síndrome de la vida ocupada: riesgos de la hiperproductividad

Te hablamos del síndrome de la vida ocupada y los riesgos que puede tener la hiperproductividad desmesurada para tu salud. No te lo pierdas.

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¿Qué es la productividad?

Actualmente, en todos los negocios y desarrollos estratégicos empresariales, el término productividad se posiciona como columna vertebral del éxito. Según la RAE, “es la relación entre lo producido y los medios empleados”. Para alcanzarla, las empresas plantean objetivos de productividad a las plantillas y compensaciones económicas para implicarlas en la consecución del éxito empresarial.

Pero ¿qué coste y qué beneficio se obtienen en términos de salud y bienestar?, ¿son razonables las jornadas de trabajo sinfín para alcanzar algunas metas? Quizá los medios empleados no estén en equilibrio con lo producido: hablemos de la hiperproductividad como modus vivendi y sus consecuencias psicológicas.

¿Qué es la hiperproductividad y de dónde nace?

Hacia finales del siglo pasado se presentaba como prototipo de buen trabajador al broker o yuppie, y con ello cambió el modelo de la vida laboral. Se planteaba el modelo multitarea: hacer más de una cosa a la vez, con alta eficacia, eficiencia de gestión, maximización de los recursos y aprovechamiento del tiempo. Parecía posible vivir en continua conexión con los objetivos profesionales, por encima de la salud u otros objetivos de vida. Sin embargo, detrás de la aparente prosperidad de este estilo de vida, se esconde el síndrome de la vida ocupada.

¿Qué es el síndrome de la vida ocupada y cómo nos afecta?

Lo que aparecía como una forma de vida, aparente prosperidad y mejora profesional ha ido ganando espacio en las consultas de salud mental por sus consecuencias.

La necesidad de ocupar con el trabajo todas las horas del día, llegar a todo, alcanzar objetivos y estar siempre pendiente de cuestiones laborales puede parecer admirable, pero tiene sus riesgos: agotamiento, fatiga física y mental, ansiedad, estrés elevado, disminución de la atención y concentración, incapacidad para desconectar del trabajo, falta de tiempo para el descanso…



El papel de la autoexigencia en la hiperproductividad

La constante presión de mantener unos altos estándares genera un alto nivel de autoexigencia difícil de sostener y que debilita nuestra resiliencia emocional. Se deterioran las relaciones personales, familiares y sociales. Conlleva una pérdida de la creatividad y una disminución de la capacidad para disfrutar de otras facetas de la vida.

La búsqueda implacable de perfección, la autoevaluación crítica y no desconectar pueden llevar a la sobreexigencia, agotamiento y, en última instancia, al deterioro de la salud mental.

El derecho a la pereza

Apuntar tan alto profesionalmente acaba pasando factura a nivel físico y psicológico. ¿Cómo remediarlo? El llamado “derecho a la pereza” apuesta por un equilibrio. No se trata de negativizar la disciplina, el trabajo bien hecho, la exigencia y la productividad, sino de mitigar las consecuencias negativas que pueden perjudicar nuestra salud.

Te enumeramos algunas ideas para ayudarte:

  1. Ser consciente de lo que implica esta situación y sus perjuicios.
  2. No negar los síntomas o las circunstancias adversas, ya que implican un desorden en las prioridades vitales: este es el primer paso para el cambio.
  3. Establecer límites realistas en el trabajo y con el trabajo.
  4. Tener tiempo para el descanso, la reflexión y análisis de ti mismo y de las circunstancias vitales que te rodean.
  5. Determinar bien los tiempos de descanso diarios, además de planificar actividades de ocio y tiempo libre.
  6. Buscar ayuda y apoyo en la familia y los amigos y cuidar las relaciones sociales: es tan importante como el tiempo que dedicas al trabajo.
  7. Permitirte momentos de pausa, puesto que son esenciales para la creatividad, la claridad mental y la salud en general.